Durante mucho tiempo, muchas marcas han medido las colaboraciones con creadores fijándose casi únicamente en cuánta gente ha visto el contenido, cuántas impresiones ha generado o cuántos likes ha conseguido una publicación.
Y aunque esos datos importan, reducir el valor de una colaboración a métricas visibles es quedarse en una lectura demasiado superficial de lo que un creador realmente puede aportar a una marca.
Una colaboración bien planteada puede generar mucho más que visibilidad puntual
Porque también puede convertirse en contenido real para redes sociales, en piezas que la marca puede reutilizar en campañas de paid media, en material para la web, en recursos para newsletters, en prueba social para reforzar la confianza del consumidor o incluso en una forma de entender mejor cómo habla el público de un producto, una experiencia o un servicio cuando lo cuenta alguien desde un lenguaje más cercano y natural.
El problema es que muchas marcas siguen viendo a los creadores como simples canales de difusión, cuando en realidad su valor va mucho más allá de publicar un story o un reel.
Un buen creador de contenido
Puede traducir una marca a un lenguaje más humano, hacer que un mensaje comercial parezca menos forzado, aportar credibilidad y construir una conexión que muchas veces una pieza publicitaria tradicional no consigue generar de la misma manera.
Por eso, el ROI de una colaboración no debería medirse solo en alcance, visualizaciones o engagement, sino también en la calidad del contenido generado, en la afinidad entre marca y creador, en la capacidad de reutilizar esas piezas en otros canales y en el valor que esa colaboración puede seguir aportando mucho después de que se haya publicado el contenido.
Cómo ayuda The Q Club
En The Q Club creemos que una buena colaboración no termina cuando el creador sube el post.
En muchos casos, ahí es donde empieza su verdadero valor, porque cuando una marca elige bien al creador y plantea bien la colaboración, el contenido puede seguir trabajando para la marca durante mucho más tiempo que las 24 horas que dura una story.